REINVENTANDONOS

Iniciado por TULIPAN ROJO, Julio 31, 2019, 01:31:50 AM

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TULIPAN ROJO


Hola a todos, mis queridos devoradores compulsivos!!!
Desde que tengo uso de razón, al mirarme al espejo, siempre me ha venido un numero a la mente. Y no es que pensara en el día que era, ni el tiempo que me faltaba para llegar a la oficina, ni en mis años (ya que he sido bendecida por una rarisima buena genética de apariencia juvenil), ese número que me decía el espejo sin piedad era ... te sobran... 10?, o 7?...22? ufff...
Solo los que toda la vida hemos cargado con kilos de más, conocemos esa sensación de no ser completamente felices nunca, como si no alcanzáramos la plenitud de disfrutar de las cosas porque ese lastre nos hacía sentirnos más torpes, menos audaces, el o la (en mi caso) ultima en ser elegida para el equipo del juego de turno en el recreo. Sabeis? se me asemeja a pedir una caña en pleno agosto y cuando das el primer trago, imaginandote el frescor en tu boca, está calentorra como el caldito que te daba tu madre cuando estabas malo.
Solo nosotros sabemos lo poco que nos gusta ir a comprarnos ropa ¿verdad? El descaro de las miradas de las dependientas anoréxicas mientras nos ponen mentalmente el sello de "clientes molestos" a la par que utilizan monosílabos en respuesta a nuestras consultas, a ver si nos sentimos peor aún y cogemos la puerta y puede hacer su trabajo con gente que luzca la ropa en lugar de destrozar el diseño.
Siempre he tenido la suerte de tener buenos y buenas amigas y, sobre todo estas últimas, me han acribillado viva por comprar en internet. La cosa tiene miga... jajaja. Oirlas, con tanto convencimiento,y sus tallas 36 o 38, decirme que hasta que no las acompañara de compras, no iban a parar, me hizo decidir que mostrarles lo desagradable que su mayor placer podía suponer para mí, las haría vivir, ver y ser yo, meterse en mi piel y callarlas de una vez por todas. La experiencia fue definitiva porque me quieren y me ven con ese mirar que no mira, sino que ve  y busca y encuentra, buceando en mi interior que es, sin humildad, tan auténtico como complejo.De ahí que el retorno a casa pareciera un chiste malo... Ellas cargadas de bolsas tras el recorrido por su mundo fashion, mientras yo llevaba una mano en un bolsillo, un cigarrillo en la otra y... en mis orejas, mi única compra: unos pendientes que me encantaron por el mensaje subliminal, uno con un "JA" y el otro como el primero... jaja.
Tengo que reconocer, no obstante, que a fin de amortizar lo que me faltaba (o mas bien, lo que me sobraba) por fuera, me esforcé en adquirir otros recursos que, sin ser evidentes en medio de una multitud, me diferenciarían del resto en la proximidad. Y así, mientras ellas compraban, yo leía y escribía y declaro que soy sincera al decir que, aunque no soy fea más bien lo contrario, nadie puede quitarme el orgullo de saber que me han querido mucho y que ese amor no se ha sostenido en algo perdurable como ocurre con el físico, sino en aquello que pulí en mi interior como consecuencia de aquel número que me lanzaba el espejo cada mañana al mirarme. Y es que si la vida te da limones.... haz limonada.
Buenas noches.

TULIPAN ROJO

Hola a todos!!! Como ayer escribí por aquí, pienso que estaría bien hacer un recorrido por lo que me ha traido a este foro, ya que quiero hacerme en breve un Apollo. Como quiera que recibi un mensaje de Inma, muy maja, ofreciéndose a ayudarme y preguntándome de donde soy y porqué mi decisión, pienso que hacerlo extensivo al resto es lo suyo, así que ahi va:
Soy de Ceuta y resido aqui, por lo tanto la cosa no es tan sencilla como parece en lo del Apollo, a no ser que sea verlo en youtube cuando alucinaron.
El tema de mi obesidad es una consecuencia de mi buenisima mala suerte en lo relativo al amor. He sido funcionaria de carrera durante muchos años, he dirigido el Centro Asesor de la Mujer, he llevado casi la mayoría de los servicios en los que el trato humano es fundamental. Sin embargo, como suele ocurrir cuando tienes la facilidad para ser próxima de cara a la mayoría, esta cualidad no resulta agradable si tienes pareja, ya que se sienten anulados o "maridos de". Bien pues ese es mi caso. He tenido dos parejas, una es el padre de mi hijo que vive en Barcelona (mi hijo, el padre me da igual donde viva) y la segunda, que resultó ser un esquizofrénico diagnosticado que, al principio, se tomaba sus antipsicóticos reglamentarios, diciendome que eran pastillas para la alergia (me enamoré y es como si me hubieran dado una pedrada en el centro del cerebro, porque no me di cuenta de nada, hasta que dejó de tomar la medicación y empezó a escuchar marcianos, a decir que lo iba a envenenar, me puso un cuchillo en el cuello y me tiró rodando por la escalera de mi atico, que tiene una estructura que bien podría haber sido inventada por Annibal Lecter. Me rompió el húmero y el troquiter en 18 pedazos, y tuve que estar con el brazo fuerza de su sitio porque, de recolocarlo, los pedacitos de troquiter se hubieran pulverizado, hasta que este selló (unos cuatro meses, con parches de morfina y dolores increibles). Como no explicarte que, logicamente, lo encerraron en un ¿como llamarlo?, si en esta España nuestra los psiquiatricos no existen y los locos no estamos locos, que sabemos lo que queremos... sino preguntaselo a Ketama.
Pues eso, lo ingresaron en un centro para lo suyo y a los cuatro meses estaba en la calle y yo aun con el brazo destrozado y arrastrando una pierna.Y como al parecer, lo de los antipsicoticos le prodcirán gases o simplemente no le gustan a la criatura, pues dejó de tomarselos de nuevo y el brote le dio por aporrear mi timbre, rallar todos los vehículos aparcados en la calle bajo mi inmueble, por si alguno pertenecía a algún nuevo amante (vamos, para amantes que estaba yo). El numerito de este amor loco, continuó con la consiguiente orden de alejamiento (que se la pasaba por el forro) y llamadas a horas que aún no estan puestas las calles al 911.
En este punto tengo que decirte que, por mi trayectoria profesional (soy trabajadora social y sociologa, presentadora ocasional de la radiotelevision en mi ciudad autónoma y jefa de protocolo en cualquier actividad publica de Ceuta, soy una persona ¿conocida? que va! lo siguiente... lo que viene siendo tardar en cubrir el trayecto de la calle Real, que tiene 500 metros, una media de tres cuartos de hora mínimo. Imagina entonces, el morbazo monumental que mi persona provocaba en el "tout Ceuta", que parece una ciudad pequeña y lo es, pero son casi 100.000 habitantes echándome abajo el teléfono o parándome por la calle para "preocuparse" por mi situación.
Tras mi larga convalecencia, intenté volver a mi vida normal (yo antes de esto, pesaba 75-80 kilos, no muy mal llevados ya que poseo una estructura osea robusta y mido 1,73 descalza, con lo que, a pesar de el numerito que el espejo me decia que me sobraba en kilos, a los ojos de los hombres era lo que se dice "una hembra de bandera de las que tienes por donde agarrar" (el sexo contrario con su particular forma de interpretar y evaluar al otro). El término "intenté" no es casual, sino absoluto. Durante la convalecencia y, considerando mis contactos en cualquier organismo público, no fue necesario que saliera de casa, tanto el traumatologo, como el fisioterapeuta, como las enfermeras, se desplazaban a mi casa para realizarme las curas y ver la evolución de mis lesiones, las cuales tuve la suerte de que no tuvieran complicaciones y generaran el callo interno que ligara los pedazos. De hecho incluso volver a poner la extremidad en su ubicación habitual se realizó en casa, con sedación, Pero algo había cambiado durante los meses que permanecí sufriendo como una perra por los dolores físicos y los del alma rota, había subido considerablemente de peso por no poder ir al gimnasio como antes y aliviar mi pena comiendo a cualquier hora, así que en este momento pesaba casi 100 kilos.
Vuelvo al "intenté volver a mi vida normal". Era mi primer día tras todo lo anterior, mis compañeros me esperaban con una fiesta para apoyarme y mostrarme su afecto. Me había acicalado todo lo posible dentro de que poca o ninguna prenda me valía con el peso ganado, cogí las llaves, el bolso, las gafas de sol y apoyé mi mano en el pomo de la puerta y la abrí... En ese momento, todo el contenido de mi estómago salió de mi cuerpo y perdí el conocimiento. Llamé al despacho y una compañera, enfermera, vino de inmediato. Quizás los nervios me estaban jugando una mala pasada. Me administró un lexatín junto a una manzanilla y, cuando me encontré mejor, ambas nos dirigimos a la puerta de nuevo... Al hacer el intento de traspasarla, experimenté algo desconocido y terrorífico, mi cuerpo entero se estremecía, el suelo se movia como si fuera de goma, y noté como (con toda la vergüenza del mundo), la orina me recorría los muslos camino del pavimento. El corazon me iba a mil por hora y solo pude retroceder al cobijo interior de mi vivienda para que los síntomas se aliviaran paulatinamente.
Mi vida desde entonces pasaba por experiencias de este tipo cada vez más limitadoras en lo relativo al espacio donde me encontraba "segura". Mi cerebro, ese gran superviviente que habita en mi, había concluido que fuera estaba en peligro y bloqueaba a mi cuerpo para mi seguridad, usando mis órganos con una crueldad desmedida. Al principio "fuera" era "fuera de casa", pero mi fobia, mi agorafobia, como diagnosticaron los especialistas, llegó al punto de recluirme en mi dormitorio (que, por suerte es una suite amplia con baño integrado y un enorme ventanal desde donde se ve el cielo) por espacio de dos años. Tengo la enorme fortuna de contar, desde el nacimiento de mi hijo, con la ayuda impagable de Saida, esa gran mujer que trabaja para mi y sin cuya comprensión, cariño y apoyo permanentes, jamás habría conseguido ir superando todo esto. Mi incapacidad para poder hacer nada dieron como resultado que la Tesorería General de la Seguridad Social, al año despues de ser evidente mi trastorno, me reconociera una Invalidez Absoluta para todo trabajo y durante cinco años, he sido prisionera de esta casa desde la que escribo. Poco a poco he ido realizando pequeños avances y en la actualidad ya no sufro continuamente los ataques de pánico anteriores, ya he bajado a la calle, poco tiempo, pero he bajado. He sido capaz de ponerme al volante de mi mini y dar una vuelta por la ciudad (eso si, con las ventanillas cerradas y con la capota puesta).
Esta vivienda que es preciosa y un lujo que me he ganado trabajando como una mula, es una vivienda en régimen ganancial con mi ex-marido, que ya se ha cansado de esperar y al término de los estudios de mi hijo, me demandó judicialmente y aunque, en principio, la justicia me mantuvo su uso y disfrute por ser la vivienda familiar, recurrió en contencioso y al no poder trasladarme a defenderme, ha ganado la demanda, así que en breve, me veré obligada a abandonarla. Añadiré que, durante mi enfermedad, usó el mismo procedimiento para quedarse en exclusiva una segunda vivienda, ubicada sobre la playa en la provincia de Malaga, un lugar mágico  que yo solita, gané en subasta pública, mientras el se partía la caja por mi ingenuidad a golpe de "los subasteros te van a comer viva".... hombre de poca fe, que aunque siempre fue consciente de mi capacidad, nunca imaginó como una pobre mujer sola convenció a todo un equipo de subasteros profesionales para que respetaran mi puja, orgullosos de ser caballeros en lugar de buitres por una vez. Ser una dama respetable no se nace ni se estudia, se consigue respetando, sin minusvalorar al otro mediante el halago falso y evidente y respetándose a una misma, sin humildad ni vanidad, sino por derecho. Alcanzado mi objetivo, transformé aquella casa en algo surgido de un sueño feliz donde, al amanecer pisando su arena, mis dedos experimentaban el deseo de escribir, mi auténtica pasión. Pero hay cosas que conforman mi espíritu, una de ellas es mi protección extrema del corazón de mi hijo y, a cambio de que no le hiciera daño, destruyendo sus ilusiones y desapareciendo de su vida (promesa que olvidó nada más salir de la notaría)  le cedí mi parte de aquel mi lugar favorito, donde tantas veces le había dicho que conseguí para jubilarme y escribir en la playa. Aún recuerdo sus palabras saliendo del notario: "Con lo lista que te crees, de qué forma más tonta me has regalado tu playa"... lo miré compasivamente y con una sonrisa en los labios le respondí:"Quizás algún día deba agradecerte que, creyendo que me quitas mi playa, me hayas regalado todas las del mundo".
Me enrollo como las persianas, lo se, pero es lo que tiene ser intensa, que no lo puedo evitar. Vuelvo al inminente acontecimiento de tener que dejar esta casa también, a lo que se suma que el cautiverio ha añadido a aquellos 100 kilos de antaño, otros 35 más. Mi físico actual me aterroriza y que me vean por Ceuta de esta guisa, es devastador.
Por tanto he tomado una decisión que recoge todo aquello que, al día de hoy, me hace infeliz. La venta de la casa, que es una gran casa, me proporcionará una buena cantidad para cubrir mis futuras necesidades y me permitirá desplazarme a Barcelona al menos seis meses (tiempo de duración del visado de Saida, a la que no puedo imaginar sino a mi lado, porque he suscrito en mi corazón un compromiso con ella de por vida, ella también conmigo, y no la defraudaré jamás). Además en Barcelona está mi hijo Daniel (que ahora está en Ceuta conmigo ayudándome a tomar las decisiones que culminarán en su mayor deseo desde que empezó toda esta locura "Devuélveme a mi madre"). Ya está todo en marcha, por eso ahora mismo todo está orientado a buscar algo de alquiler para ese tiempo en Barcelona (que reuna las comodidades a las que he estado acostumbrada siempre y podamos pasar los primeros meses tras el Apollo, de una forma digna y cómoda los tres).
Elegir el Apòllo es por mi miedo al dolor físico. Ya he pasado mucho y mi umbral de sufrimiento es bajísimo. He entrado en todos los foros habidos y por haber y la conclusión es que este sistema es el menos doloroso y los resultados son rápidos, lo que redundará en mi movilidad y atenuará mis molestias de espalda y piernas. Me planteo, una vez perdido peso suficiente para ello, retomar mi rutina en el gimnasio con un preparador personal, de forma que, aunque pierda peso recupere músculo y autoestima. Si me es posible también contemplaría realizarme algún tratamiento estético para que la piel no me cuelgue (que me colgará, porque tengo 58 y aunque toda mi vida se ha comportado como un chicle sin dejarme estrias y demas, ya no creo que reaccione como cuando tenía 25).

Bellsa

Hola.... :oparece un libro....estas escribiendo un libro ?

Saluditos.